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ACREDITACIÓN DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR: TENDENCIAS RECIENTES Y DESAFÍOS PARA EL FUTURO
María José Lemaitre del Campo
EL CONTEXTO PARA LA ACREDITACIÓN
Diversos analistas han intentado identificar los factores asociados al creciente interés evidenciado, en los más diversos países del mundo, por desarrollar, poner en práctica y perfeccionar mecanismos de acreditación de la educación superior. Si bien las circunstancias específicas varían de un país a otro, existe un alto grado de coincidencia en señalar como las más significativas aquellas asociadas al crecimiento y diversificación de la educación superior, la introducción de elementos de competencia, la lógica del mercado en el sector y la necesidad de responder a los requerimientos de la globalización (El Khawas, 1998; Thune, 1998; Sanyal, 1995; Middlehurst y Woodhouse, 1995; Lenn, 1994; entre otros)2. Algunos de estos autores destacan, además, que estos factores han producido una cierta insatisfacción de las autoridades públicas y el sector privado, relacionada con la capacidad de respuesta de la educación superior a las necesidades sociales y económicas y la percepción de que, en ausencia de mecanismos que aseguren y promuevan la calidad, las instituciones tienden a ser relativamente complacientes, sin verificar oportunamente eventuales deficiencias o limitaciones (El Khawas, Middlehurst y Woodhouse)3. A pesar de que en muchos casos las iniciativas tendientes a establecer mecanismos de aseguramiento de la calidad han debido enfrentar la resistencia de los académicos, existe un consenso cada vez mayor –resultado de negociaciones entre las autoridades públicas y académicas– en que las primeras reconocen y valoran el compromiso de las instituciones de educación superior con los procesos de mejoramiento continuo impulsados por los nuevos sistemas, y las segundas aprecian el hecho de que dichos sistemas incentivan y promueven cambios necesarios pero difíciles de abordar en el marco cultural habitual de la educación superior. LA EXPERIENCIA INTERNACIONAL
ánalisis acerca de la forma en que distintos países han abordado el tema es el que se desprende de una investigación del Instituto Internacional de Planificación educacional de la UNESCO, dirigido por el Profesor Bikas C. Sanyal4. Particularmente significativo resulta el que, siendo el foco del estudio un análisis de los mecanismos de gestión de la educación superior –tanto a nivel de sistema como en las instituciones– la forma de abordar el tema sea precisamente los mecanismos de regulación y, en particular, las estrategias de acreditación utilizadas por los distintos gobiernos. Mediante el análisis de casos concretos en Africa, Asia, América Latina, América del Norte, Europa y Oceanía, el Profesor Sanyal muestra una amplia gama, que clasifica en cuatro categorías principales:
1ª. Países que se distinguen por el desarrollo de estrategias de autorregulación y accountability, donde los sistemas de educación superior están sometidos a “procesos informados y periódicos orientados a ajustar el desempeño del sistema, las instituciones, los programas o procedimientos a las expectativas – estándares, normas– definidas por el regulador a la luz de una evaluación formativa o sumativa”5. Las instituciones son esencialmente autónomas, pero operan en un marco que les exige dar cuenta pública de su gestión. Entre estos países se destacan Estados Unidos, con un mayor uso de incentivos de mercado, y una regulación estatal relativamente liviana; y Holanda, Bélgica, Canadá, Australia, Nueva Zelandia y el Reino Unido, donde los respectivos gobiernos nacionales son actores centrales en la orientación del sistema, ya sea mediante mecanismos de financiamiento o de control de calidad. Es interesante observar que la relación que se da entre el gobierno nacional y las instituciones de educación superior es resultado de procesos de evolución diferentes. En algunos casos, como el del Reino Unido, se parte de una situación de gran autonomía institucional que evoluciona hacia un mayor control por parte del Estado, mientras que en otros, como el de Holanda, se trata de un proceso de descentralización a partir de un control estatal acentuado.
2ª. Países cuyos gobiernos han iniciado un proceso de descentralización, y se han desarrollado algunos aspectos en esta dirección con la cooperación de las instituciones de educación superior. El ejemplo más claro lo constituyen los países escandinavos, caracterizados por un alto grado de centralización, donde decisiones como los sistemas de admisión, el currículo u otros aspectos se adoptan a nivel gubernamental, pero que se encuentran en transición gradual hacia la autonomía institucional y un mayor compromiso con la autorregulación. Otros países como Singapur, Filipinas o Nigeria podrían quedar en esta categoría, pero sus procesos de cambio son demasiado recientes como para evaluar si efectivamente avanzan en la dirección prevista.
3ª. Países en que sus gobiernos han anunciado cambios de política orientados hacia el desarrollo de estrategias de evaluación, planificación estratégica o mayor autonomía institucional, los que se encuentran con condicionantes culturales o de otro tipo que dificultan su implementación. Se refiere aquí a los países de Europa Oriental, enfrentados a la necesidad de modificar drásticamente sus estrategias de gestión pero sin contar con los recursos humanos, materiales o institucionales que les permitan avanzar en la dirección deseada. También se incluye en esta categoría a los países de América Latina y Centroamérica, donde la masificación de la educación superior, asociada en muchos casos a un descenso de la calidad, la burocratización de las instituciones públicas y las bajas remuneraciones de los académicos, unidos al peso de las asociaciones estudiantiles y académicas hace necesario introducir cambios importantes en la gestión del sistema. El estudio destaca los intentos de establecer sistemas de evaluación y acreditación, sobre todo en Chile, Colombia, Argentina, México y Brasil.
4ª. Países que se caracterizan por un alto grado de control y planificación centralizados, situación que se da en los Estados Arabes, países Sudafricanos, varios asiáticos y en la mayoría de Europa Central: Francia, Italia, Alemania oAustria. A pesar de la larga tradición centralizada de estos países –sobre todo los europeos– se aprecia también una cierta tendencia hacia una mayor autorregulación y se están iniciando procesos de descentralización en ámbitos específicos.
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