TRASTORNOS SOMATOMORFOS

Fantasma físico del joven universitario

 

 

Comienza marzo y con esto todas las tareas que implican volver a trabajar en tus actividades normales, ya debes pensar en viajar a la ciudad donde estudias, buscar pensión y tu cabeza se llena de pensamientos asociados a como será este nuevo año. Si tienes la ventaja de estudiar en una universidad en tu ciudad, seguramente tus pensamientos se volcarán a evaluar como será este año y a despedirte de las vacaciones.

Marzo se ha conceptualizado por siempre como un mes en el que estamos siempre bastante ocupados, la televisión nos invade con temáticas asociadas a este fatídico mes. Se te apareció marzo??? Pregona alguna de ellas.

Al cabo de algunos meses ya estás enfocado en tus labores académicas, y comienzan a programarte las evaluaciones, esas evaluaciones que siempre calzan o chocan con otras, esas evaluaciones de algunas asignaturas que no has podido comprender desde un comienzo, o simplemente la ya sobrecargada vida académica te comienza a recordar que quizás tendrás que amanecerte toda la noche estudiando, realizando alguna maqueta o quien sabe que informe para un profesor exigente.

Es entonces como en estos meses transcurridos del semestre, en nuestras consultas comienzan a aparecer derivaciones médicas de estudiantes aquejados de diversas molestias de orden físico, pero que a la luz de la exposición clínica no revelan tener una génesis del todo clara en el espectro físico.

Algunos estudiantes consultan por cefaleas constantes, vómitos, nauseas, dolor constante en el vientre, dificultad para ir al baño, y muchos de ellos algunos desórdenes como desmayos y pérdidas de conciencia. Los exámenes físicos revelan organismos completamente sanos y es entonces donde nos surge una tremenda interrogante... ¿qué hace que un joven, aparentemente sano desarrolle estos malestares que contribuyen notablemente a la merma de una calidad de vida satisfactoria?

Algunas interrogantes podrán dilucidarlas si comprendemos aún más el concepto de enfermedad psicosomática, o bien si nos referimos directamente a los trastornos somatomorfos.

Las personas con trastornos de este tipo presentan una serie de quejas y síntomas físicos, pero las pruebas médicas realizadas no indican enfermedad orgánica alguna o, si hay alguna enfermedad, no puede explicar sus síntomas, ya que el origen de dichos síntomas puede ser psicógeno. Suelen presentarse en las consultas de los médicos convencidos de que sus síntomas se deben a alguna enfermedad física y a menudo no aceptan la posibilidad de una etiología psicológica. Es muy normal entonces que al realizar una simple consulta de frecuencia de ellos, lleguemos a la conclusión de que la aparición de ellos ocurre en situaciones de alto estrés.

 

Muchas personas tienen a veces síntomas de este tipo sin que por ello padezcan un trastorno somatomorfo. Para diagnosticar este trastorno es necesario que los síntomas sean lo bastante graves como para interferir en la vida de estas personas (relaciones, trabajo, etc.) e impedirles funcionar con normalidad.

 

El manual de trastornos mentales y del comportamiento CIE-10 define este desorden como "Presentación reiterada de síntomas somáticos acompañados de demandas persistentes de exploraciones clínicas, a pesar de repetidos resultados negativos de exploraciones clínicas y de continuas garantías de los médicos de que los síntomas no tienen una justificación somática". Agrega que un punto importante es que el grado de comprensión sobre los síntomas, ya sean somáticos o psicológicos, es con frecuencia insuficiente y frustrante, tanto para el enfermo como para el médico.

 

Algunos autores piensan que ese trastorno se debe a un rechazo real o imaginado por parte de personas significativas. Las continuas quejas de dolor o síntomas físicos tendrían la función de obtener la atención de dichas personas y modificar su comportamiento, aunque esto se realiza de un modo inconsciente. Sin embargo, las quejas prolongadas infundadas suelen acabar suscitando más rechazo, el cual a su vez agravaría los síntomas. (Muñoz 2005)

 

Otras autores destacan el componente de aprendizaje de este tipo de trastornos. Se ha visto que es más frecuente en personas cuyos padres o madres han padecido enfermedades físicas (o trastornos somatomorfos) durante la niñez del paciente, sobre todo si obtenían algún beneficio de dichos síntomas. De este modo, siendo niños aprenden un modo de comportarse que consiste en utilizar los síntomas físicos para obtener atención, afecto, evitar situaciones estresantes, etc.

 

Los trastornos somatomorfos se dividen en cinco trastornos principales:

 

Trastorno por somatización: Aquí el paciente refiere numerosos síntomas físicos que comienzan antes de los 30 años, agudizándose en 4 o más partes del cuerpo, por ejemplo, cabeza, abdomen, espalda y pecho) o en cuatro funciones diferentes (por ejemplo, dolor menstrual, dolor al orinar, dolor durante las relaciones sexuales, etc.), o bien dos síntomas gastrointestinales diferentes del dolor (por ejemplo, náuseas y vómitos), un síntoma sexual y reproductivo que no sea dolor o un síntoma psiconeurológico (por ejemplo, parálisis, afonía, retención urinaria, pero con génesis psicológica.

 

Trastorno por dolor: Siendo el síntoma principal es el dolor en una o varias zonas del cuerpo.  Tratándose de un dolor intenso que afecta directamente el funcionamiento vital de estas personas, este debe ser un dolor agudo con al menos 6 meses de duración.

 

Trastorno dismórfico corporal: Consistiendo principalmente en grandes preocupaciones por defectos físicos reales o imaginarios, causando ansiedad y preocupación excesiva a estos pacientes, por ejemplo una oreja que es percibida más desproporcionada puede causar un malestar amplio emocionalmente hablando.

 

Trastorno hipocondríaco: Siendo según el CIE 10 la característica esencial del trastorno la preocupación constante por la posibilidad de contraer una o más enfermedades físicas progresivas, manifestándose en la queja somática persistente y asimismo la preocupación inherente a ello.

 

Trastorno de conversión: Se trata de uno o más síntomas que afectan al funcionamiento sensorial o motor y que asemejan una enfermedad neurológica pero que no pueden ser explicados mediante ninguna enfermedad física. Su aparición suele estar asociada a algún acontecimiento estresante. Los episodios suelen ser breves, recuperándose totalmente en el plazo de un mes o menos. En la mayoría de los casos no vuelve a repetirse, aunque en otras ocasiones los síntomas pueden volver a aparecer al cabo del tiempo. (Muñoz 2005)

 

El trabajo a realizar siempre en estos casos requiere la interconsulta médica o diagnóstico diferencial para poder estar completamente seguros que se trata de una psicogénesis, y de no estar frente a un desorden orgánico real.

Se recomienda entonces tener un manejo eficaz entendiendo el síntoma y entendiendo el sufrimiento del paciente, desarrollando una actitud empática y fortaleciendo el control emocional. Los síntomas a juicio de muchos suelen ser exagerados pero sabemos que el malestar es sentido y vivido como real.

De acuerdo a esto existirían muchas formas de tratamiento con éxitos bastante comprobados en lo que refiere la reducción de los síntomas y la mejora en la calidad de vida.

Por tanto es adecuado siempre un trabajo interdisciplinario en pos de mediante el diagnóstico diferencial se llegue al origen real del problema.

Nuestro consejo como equipo de psicología de SEMDA es que acudas a consultar cuando tus síntomas físicos son persistentes y cuando realmente has intentado tratamientos médicos sin resultados positivos aparentes, y prioritariamente si te das cuenta que estos malestares ocurren cuando te encuentras mucho más sobrecargado ya sea académicamente o has evaluado que tu nivel de estrés últimamente se encuentra desbordado.

 

 

Ps. Rodrigo Farías Oliva

Psicólogo

Servicio Médico de Atención de Alumnos

SEMDA

Universidad de Antofagasta.

 

 

Links relacionados:

 

http://www.cepvi.com/articulos/trastorno_por_dolor.shtml

http://www.fisterra.com/guias2/somatizaciones.asp

http://www.psicoactiva.com/cie10/cie10_29.htm