ESTRÉS ACADÉMICO
Es normal que en fechas de mucha carga académica algunos estudiantes se sientan más cansados que de costumbre, algunos de ellos más irritables, otros tienen fuertes dolores de cabeza o de estómago y otros muchas veces piensan acerca de lo sobrepasado que se encuentran con sus actividades diarias. Entonces se suele escuchar el comentario, "ah lo que pasa es que estás estresado", pero ¿a que nos referimos cuando comentamos de manera tan común dicha frase?.
El estrés es una palabra familiar utilizada en la jerga común y también de la salud mental, pero la verdad es que todos tenemos algún grado de estrés, en otras palabras es funcional para nuestro adecuado nivel de activación. El estrés es la respuesta automática y natural de nuestro cuerpo ante las situaciones que nos resultan amenazadoras o desafiantes. Nuestra vida y nuestro entorno, en constante cambio, nos exigen continuas adaptaciones; por tanto, cierta cantidad de estrés (activación) es necesaria. En general tendemos a creer que el estrés es consecuencia de circunstancias externas a nosotros, cuando en realidad entendemos que es un proceso de interacción entre los eventos del entorno y nuestras respuestas cognitivas, emocionales y físicas. Cuando la respuesta de estrés se prolonga o intensifica en el tiempo, nuestra salud, nuestro desempeño académico o profesional, e incluso nuestras relaciones personales o de pareja se pueden ver afectadas. De esta forma entender y prevenir este problema se transforma en un proceso vital para el ser humano en pos de poseer una salud mental óptima. En este mismo sentido la mejor manera de prevenir y hacer frente al estrés es reconocer cuándo aumentan nuestros niveles de tensión y ante qué estímulos o situaciones.
A nivel visible las manifestaciones del estrés pueden aparecer mediante diferentes manifestaciones, las señales más frecuentes de estrés son:
En relación con la identificación de los factores que contribuyen a la aparición de este cuadro es importante señalar que no existen manifestaciones estandarizadas entre las diversas personas que padecen esta condición. Muchos autores sostienen que los eventos externos son generadores de estrés, pero en este punto es pertinente señalar que los eventos externos como generadores de estrés no necesariamente deben ser muy notorios o intensos, sino que pueden "acumularse" en sus efectos hasta que se llega al límite. La manera en que interpretamos y pensamos acerca de lo que nos ocurre afecta a nuestra perspectiva y experiencia de estrés. De manera que con frecuencia es nuestra interpretación lo que genera (o potencia) una reacción negativa de estrés, más que el evento o situación a la que nos enfrentamos.
Como ejemplo tomemos el caso de un alumno acostumbrado a calificaciones sobresalientes que obtiene un 4.0 en un trabajo. La idea de que esa nota le puede afectar a su expediente académico y con ello a sus posibilidades de conseguir una beca o trabajo al que aspiraba, puede tener un efecto amplificador o multiplicador en su nivel de estrés convirtiéndolo en ansiedad.
Nuestra reacción a las situaciones del entorno, está también afectada por nuestro nivel general de salud y bienestar. Una persona que está siempre agobiada, que duerme poco y no come de manera equilibrada, probablemente disponga de menos recursos para afrontar situaciones difíciles. La clave está en que logremos equilibrar descanso, alimentación, ejercicio físico, trabajo-estudio y ocio.
Como hemos dicho, el estrés es una parte cotidiana de la vida y la cantidad de tensión que cada persona es capaz de tolerar es diferente, y además varía según el momento de la vida, las circunstancias personales, laborales o familiares. Durante los años de universidad las principales circunstancias que contribuyen al estrés suelen estar relacionadas con: dejar tu casa, tener que viajar diariamente muchos kilómetros, hacerte cargo de tu economía, compartir departamento o bien vivir sólo a la vez que atender las responsabilidades académicas, las clases y las relaciones personales. A esto hay que sumarle a veces los eventos positivos, como enamorarte o preparar un viaje de estudios, que aunque agradables también nos agregan cierta tensión. Ante estas situaciones es cuando más nos cuesta distendernos o tomar distancia de ellos.
Las estrategias para afrontar el estrés buscan prevenir o controlar los excesos en las demandas procedentes del entorno o bien de nosotros mismos. En los casos en que la situación que nos genera estrés es inevitable, como un examen o una lesión, el desafío consiste en hacer frente a la situación de la manera más saludable posible, lo cual incluye no seguir haciendo aquello que sabemos, por el pasado, que no nos ha dado resultado. Para ello te sugerimos algunas estrategias que han probado ser eficaces, y que pueden ayudarte a hacer frente a situaciones de mucha tensión:
Seguro que siguiendo estos consejos podrás enfrentar las demandas de tu medio de manera más armónica, de la misma forma no te esfuerces en seguir al pie de la letra todos los componentes de la lista de prevención. No queremos que te estreses siguiendo además nuestros consejos.
Si deseas información acerca de el estrés y sus consecuencias puedes visitar el sitio web de la revista de ansiedad y estrés. www.ucm.es/info/seas/faq
Ps. Rodrigo Farías Olivá
Psicólogo
Servicio médico y dental de Atención de alumnos.
SEMDA
Universidad de Antofagasta