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Instituto Antofagasta: 19 años pensando la región más allá de la minería

03/09/2026

Autor:
Categoria: Instituto Antofagasta, Prensa UA

El 23 de agosto de 2007 nació el Instituto Antofagasta (IA), con la misión de contribuir al desarrollo sustentable de la región. Conversamos con su director, el dr. Pedro Zamorano Molina, quien abordó distintos desafíos relevantes para la Región de Antofagasta.

¿A 19 años de su creación, cómo está el Instituto respecto de aquella idea de una Antofagasta más allá de la minería?

Hemos consolidado varias cosas. Primero, una masa crítica de investigadores con mucha diversidad disciplinar. Segundo, equipamiento y laboratorios. Tercero, una cartera de proyectos competitivos. Y cuarto, una productividad científica relevante como instituto de investigación.

Antofagasta suele verse desde afuera —y a veces desde adentro— solo como región minera. Es uno de los climas más desérticos del mundo, pero eso también la convierte en un laboratorio natural. Lo que hemos intentado es entender primero qué recursos biológicos hay aquí como organismos de ambientes extremos con características particulares. El desafío ahora es pasar a aplicaciones biotecnológicas que ayuden a diversificar la productividad regional.

¿Cuáles son los laboratorios y líneas que están activas hoy?

Son nueve laboratorios asociados, todos importantes. Entre ellos:

Complejidad microbiana y ecología funcional, con trabajo relevante en salares, en un contexto de explotación de esos ecosistemas.

Química biológica, en coordinación con el laboratorio de Drosophila Melanogaster, explorando bio compósitos de plantas alto andinas con potencial para enfermedades neurodegenerativas como Parkinson.

Modelamiento de sistemas ecológicos complejos, con énfasis en sistemas marinos.

Microorganismos extremófilos —el que dirijo—, trabajando con bacterias del Tatio capaces de habitar a cerca de 80 °C. Hemos encontrado genes y enzimas que degradan plástico PET y avanzamos en un sistema aplicable.

Holobiontes vegetales extremos, que estudia el microbioma asociado a raíces de plantas del sistema costero. Algunas bacterias emiten señales que ayudan a la planta a sobrevivir en sequía. Con la Universidad de La Frontera hemos sido capaces de retirar cerca de un 80 por ciento del regadío de la planta sin alterar sus procesos naturales como la fotosíntesis.

¿Cómo nace la idea de un instituto que mire más allá de la minería?

Nace de un cuestionamiento del entonces rector Alberto Loyola: la universidad forma profesionales de manera significativa, pero ¿de qué otra forma puede contribuir a la región?, había que entender mejor el territorio. Hace veinte años casi no se hablaba de microorganismos extremos y al inicio el proyecto era aún más ambicioso, bautizándose como Instituto Antofagasta de Recursos Naturales Renovables; el nombre se fue acortando, pero la pregunta de fondo sigue siendo cómo se piensa la Región de Antofagasta.

En 2023 usted mencionaba desafíos de infraestructura, cultura científica, colaboración y formación de talentos. ¿Qué avanzó?

Estamos en un proceso de transformación. Lo más importante es la incorporación de investigadoras e investigadores jóvenes porque eso da continuidad. El desafío de fondo es académico y hacia dónde vamos en biología, cómo incorporamos inteligencia artificial de manera transformadora y cómo pasamos de entender lo que hay en la naturaleza a diseñar y producir procesos con aplicaciones concretas, incluida la biorremediación.

Este año el invitado de aniversario vino de una línea ligada al laboratorio de David Baker, Premio Nobel 2024 en diseño de proteínas. Hoy esas proteínas se pueden diseñar de otra manera, con IA y eso exige nuevas capacidades e infraestructura; que el talento se quede y mire el futuro.

¿Alcanza el financiamiento regional y nacional?

Desarrollamos proyectos con múltiple financiamiento. Estamos ejecutando fondos provenientes de Fondecyt, ANID, Anillo y del Gobierno Regional. El aporte de fondos regionales ha sido relevante no solo para el instituto, sino para la sostenibilidad de la ciencia en la región, también a través de formación de estudiantes de posgrado. ANID, el GORE y la propia universidad son piezas distintas de un mismo desafío ya que sin continuidad de recursos no hay escalamiento.

Hay un proyecto con bacterias termófilas del Tatio para biodegradar Plástico PET a 60–80 °C usando energía solar junto a ReciNorte y Aguas Antofagasta. ¿Qué tan cerca está este proyecto de salir del laboratorio a una industria de reciclaje en la Región de Antofagasta?

Hay que distinguir niveles de madurez tecnológica. En TRL 3 se demuestra en laboratorio. En TRL 4 se escala un poco el volumen y se mantienen los resultados. El entorno relevante —por ejemplo el espacio de ReciNorte en La Negra— es el paso siguiente.

La idea partió de una pregunta científica básica: introducir información genética en microorganismos para que expresen proteínas. El PET de las botellas es casi cristalino; por eso es transparente. Alrededor de 70–80 °C ocurre la temperatura de transición vítrea, el plástico se desordena y las enzimas atacan mejor esa forma. Con la Universidad de Concepción hemos visto que se puede predecir esa efectividad. El plástico post consumo de envases de alimentos, en esa lógica, resulta más abordable.

La alta temperatura acelera el ataque enzimático, pero exige energía. Si se recicla, tiene que ser de forma sustentable. En esta región la energía solar es abundante; por eso queremos probar paneles termosolares para alcanzar esas temperaturas. No es extraño imaginar a mediano plazo un mecanismo de reciclaje enzimático con energía solar a escala industrial. Son vías que hay que explorar para diversificar la economía regional.

¿Qué destaca de la actividad de aniversario realizada recientemente?

Celebramos el cumpleaños con ciencia, por ejemplo con la charla del Dr. César Ramírez-Sarmiento, de la Universidad Católica, quien estuvo en el laboratorio de David Baker y trabaja inteligencia artificial asociada al diseño de proteínas y al mejoramiento de enzimas que degradan plástico. Antes de la charla se concretaron reuniones con los investigadores del instituto. Lo más valioso fue la posibilidad de colaborar ya que el plástico es un tremendo desafío y no lo resuelve una persona ni un laboratorio, es un problema de fondo. El PET no desaparece solo se micro fragmenta y se habla ya de nanoplásticos, cuyo efecto biológico aún se está entendiendo.

¿Un cierre para la comunidad?

Agradecer a quienes fueron parte de las actividades de aniversario, a la comunidad universitaria y sobre todo a los jóvenes con interés científico; el Instituto Antofagasta es un instituto de excelencia, con buena productividad, que trata de hacer ciencia de buen nivel. El desafío ahora es elevarlo un poco más, y para eso se necesita talento y estamos trabajando en su generación.

 

 

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